Gourmet Culto

«¿Quién flores desea ahora recibir, cuando nachos con queso puede pedir?»

Shi Shan Xuan

Siempre que mi mente se recrea y se me antojan manjares orientales, cuando me encuentro deseoso de trasladarme al imperio mandarín, en un viaje astral por mis sentidos, en esas ocasiones un solo pensamiento recurrente me invade: visitar este fantástico e inmejorable restaurante, mas os confesaré que soy asiduo y conocedor de su amplia carta y de sus exquisiteces, que nada tienen que envidiar a otros lugares imitadores, que no saben siquiera estar a la sombra de su magnificencia.

Es el restaurante de sus compatriotas, donde valerosos comensales de origen chino pueden ser vistos en las mesas de tan prestigioso comedor, llenando sus estómagos con fervor, celebrando cada nota de sabor que suena en su paladar. Confieso que es un gran lugar y que sus recetas me tienen completamente embelesado.

Soy acérrimo y fiel escudero de su gusto inundando mi mente, nublando mis sentidos y generando la tan anhelada sensación que hace surgir mi sonrisa, tosca pero existente. Podría narraros mis portentosas gestas y hazañas culinarias en este susodicho lugar, sin embargo, mi intuición me susurra melodías de raciocinio y, en tal caso, deseo haceros una única recomendación.

Escúchenme, más bien léanme, todos con atención, ya que sinceras son mis palabras y veraz es mi recomendación: el pastel de carne es un triunfo asegurado, es la carta ganadora, es la exquisitez servida aquí que más me deleita, que hace que mis jugos gástricos, con tan solo escribir estas palabras, pónganse a trabajar y mi saliva se emocione, haciéndome recrear mentalmente esta sensación de gozo y júbilo.

El pastel mencionado es para compartir (yo lo degustaría completamente solo, en una avaricia y un egoísmo sin parangón, en un desdén increíble hacia los demás comensales) pues la ración es generosa. La carne, aposentada en el centro del plato, es jugosa, muy tierna, gustosa, delicias de los dioses. Y esa carne tan jugosa amigos míos, esa carne tan jugosa no viene sola, es acompañada por una generosa de pastelitos de textura esponjosa y dulce al paladar. Esa carne, caldosa y suculenta, se baña y se conjugan en uno, se vuelven amantes en mi boca, explotando en una satisfacción que a poco puede compararse.

Nada más puedo añadir, pues muy explícito y sincero he sido en esta recomendación sin igual, en este incomparable pastel que se funde en tu boca y te lleva al mismo éxtasis que estos dos amantes, carne y pastelito, hechos para amarse, para quererse y fundirse, para serlo todo el uno para el otro, bailar en nuestra boca en una danza eterna de sabor, para convertirse en uno y ser un solo ser para toda la eternidad en un amor que ya quisieran Romeo y Julieta.

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