He tenido el honor de ser invitado pues es el aniversario de mi bienamado suegro y al ser una fecha señalada ha decidido tirar la casa por la ventana e invitar a su numerosa prole a disfrutar de un buen ágape para commemorar su existencia. Yo le congratulo, le deseo felicidad y muchos años de buena salud.

Un entrecot de profesional he engullido en su honor, poco hecho y al punto perfecto de sal. Su costra, eso si, apenas era visible y la he añorado en su mordida complaciente. Para mi gusto un poco más sobre las brasas debería haber estado, para que quedara bien marcada su plancha sobre la carne complaciente.
El postre les diré que más me ha sorprendido. Esta delicia de plátano y caramelo me ha dejado sin palabras. Nata además en su composición se hallaba, con una masa de hojaldre deliciosa. Me extraña, puesto que soy un carnivoro ávido de jugos cárnicos en vaso cual albóndigas pedidas en el Rancho Matadero, que por una vez el postre haya sido más protagonista que la carne amada.
Pero como siempre intento ser magnánimo y comprensible, entenderé que esta vez al ser tantos comensales no hayan tenido el tiempo justo, el mimo delicado que le habrían puesto a mi amado entrecot, si mi suegro no se hubiera empeñado en esa época sin televisor, de tener tantos infantes hermosos como mi esposa.
Si van en manada, pidan este postre. No se arrepentirán.
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