Me llena de emoción recomendarles este restaurante por numerosos motivos que no me quedará más remedio que exponerles, puesto que ahora mis palabras han perforado su curiosidad con mi gusanillo atrapador.
Este restaurante lleva abierto toda la vida y es prácticamente uno de mis locales asiáticos de confort, aunque debo reconocer que ya no lo frecuento tanto desde que mi hijo necesita supervisión constante como consecuencia de su honrado nacimiento.

No obstante y aunque son días normales que no tienen nada que los caracterice como dignos de celebrar, necesitas salir de tu rutina triste y ordinaria y recordar que hay motivos para sonreir, como aparecer en un restaurante que te gusta y sorprender a tus seres queridos llevando a casa un manjar que siempre os ha traido felicidad.
En tupers redondos se esconde la ilusión. Con una tapa de plástico se encierra una sonrisa futura. Así aparezco, con una bolsa de plástico blanco que huele a felicidad. El pan de gambas deposito sobre la mesa y le saco a mi banquete una foto horrorosa, puesto que soy gran experto en el arte del comer, pero pésimo fotografo si el hambre arrecia.
Mi comanda fueron clásicos de toda la vida, porque muchas veces quieres disfrutar del sabor que recordabas y olvidarte de que la sociedad te empuja constantemente a adquirir hábitos nuevos y sumergirte en nuevas experiencias. Tal vez, muchos días, necesites el abrazo de lo mismo de siempre.
Entre una plétora de opciones yo siempre me decanto por rollitos de primavera, arroz frito tres delicias, pollo con almendras, tallarines fritos, ternera en salsa de ostras y ternera con salsa de curry. Y esto, señores, es plenitud y bienestar.
No podría recomendarles uno por encima de los demás. No puedo exponerme y decretar un único ganador. El arroz de Fu Zhou es de los mejores que jamás haya comido, siempre suelto y con el aceite necesario para que te explote en la boca lleno de sabor demencial. Si me preguntan por su pollo con almendras les confesaré que me apasiona de una manera tan extrema que fundaría un país en una isla abandonada en medio del basto oceano tan solo para proclamarlo como plato oficial de mi nación.
Mi consejo siempre en esta clase de cocina es atreverse a mezclar. Unan en matrimonio el arroz con el curry, los tallarines con el pollo, el rollito de primavera con la salsa de ostras… Descubriran texturas y combinaciones increibles, háganme caso. No coman esta cocina de manera tradicional como si fuera un primer plato que nada tiene que ver con el segundo. Vuelvan a ser infantes y mezclen, experimenten, atrévanse a estar vivos.
Sinceramente, la mejor comida improvisada de este año. Ha sido como viajar en el tiempo con un solo bocado, como llevarte una cucharada de puro gozo a la boca. Me cuesta creer que a veces el precio de ser feliz sea el de un menú en Fu Zhou, aunque tan solo sea por la nostalgia de un sabor cercano.