Gourmet Culto

«¿Quién flores desea ahora recibir, cuando nachos con queso puede pedir?»

Pazo do Pulpo

«Grano tras grano desgrano tu corazón» Así me habló mi ágape y así fue convertido y para siempre más cantaré tus alabanzas, ¡oh deliciosa paella!, ¡oh freidísimos chipirones!, dados a mí con la más alta condecoración.

Amigos, les confesaré que yo y la paella no teníamos buena relación. Ella me cantaba sonetos y coplas de amor, más yo vivo constantemente seducido por el rock and roll de los pesos pesados, de la carne sabrosa, de la grasa deslizándose y obstruyendo mis venas.

Así pues, durante lustros eternos he declinado las generosas ofertas de tal magnífico arroz, pues no era en exceso de mi agrado. Como toda buena aventura, mis excusas tuvieron un final y mi destino se encontró con mi panza descontrolada gritando al verse alejada de los apetitosos pecados cárnicos.

«¿A dónde me llevas, amigo?, -susurró mi estómago atormentado- ¡Creía que eras mi fiel engullidor, el único ser que entendía mis deseos!»

Tan apenado estuve ante estas palabras que poco faltó para salir corriendo y mis ojos se anegaron en lágrimas de gran dureza y consternación. Mas resistí y como un campeón lesionado ante una prueba de vital importancia, yo hice lo imposible para mantener el ánimo alegre.

Confieso que pensé que en salir me asentaría en el primer local que pudiera encontrar a engullir toda carne de sus refrigeradores, pero no, no me hizo falta. Cándida sepia que embelesó mis sentidos, gambas plenas rebosantes de dulzura, arroz meloso, sabor extremo.

Yo, que siempre había apartado la paella de mis más altos manjares, yo que me negaba en rotundo a degustar tal ambrosía, su excelencia fue mi perdición. Paella, al fin hemos hecho las paces, tú y yo y el mundo por testigo de nuestra nueva unión gástrica.

Ahora yo digo sí, yo digo sí amigos míos. Bendito sea tu arroz, de gran calidad. Alabada sea tu fresca sepia, venturosa de un mar extraño. Eterno amor por tus mejillones, nunca en conserva, siempre sagrados y frescos. Glorificadas sean tus gambas, pues en ellas yo encontré consuelo y volví a creer. Todos podemos reconvertirnos y encontrar la salvación en un plato largo tiempo apartado.

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