
Después de una melopea más que interesante en un local colindante, hasta este local he venido, puesto que en tal estado no podía ejercer la indómita arte de la conducción de mi vehículo de locomoción de clase B. Con el coche aparcado y mi mente atribulada por el suave efluvio de los elixires del nectar de los Dioses, este Gourmet se ha visto con sus amistades en la calle, todos con borrachera más que incipiente.
Así he llegado a Gin Burger, bastante decente en fachada y con ánimo de cenar para mi contenticidad rebajar. Me han insistido soberanamente en una turra infinita para que hiciera los honores y tomara un cóctel. Yo que intentaba justamente hacer decrecer mi embriaguez, me veo tentado cuál fragmento bíblico en el desierto. Hasta tres veces tengo que declinar la invitación en un vocativo molesto, pues ya he bebido bastante.

Finalmente la comanda comparece, una tierna hamburguesa de pulled pork que me hace recordar que no tengo motivos para beber, pues mi vida es hartamente maravillosa mientras los fragantes aromas de una buena hamburguesa me llenen la boca de salivación. Debo informarles, muy a mi pesar pero en nombre de mi juramento hipocratico a la veracidad última, que no fue un caso de delectación.
No, amigos. La hamburguesa no conocía la sal. No le era amada la tierna piedra codiciada, mas su sabor no era profundo ni su mordida un lujo. Aguada se me aparecía, con el pan roto en mis manos, con un disfrute del cero por ciento de mi corazón.

Sobre los boniatos podría escribir una epopeya trágica. Hervidos se me inclinaron, como si en un baño de degeneración hubieran sido sumergidos y luego mostrados tan solo de aceite para proporcionarles un abrigo insípido y nada complaciente a la mordida.
Boniatos pérfidos, pulled pork aguado y hasta en cuarenta ocasiones instigado a tomarme una consumición, pues dada la insistencia puedo entender que es su más sagrada fuente de ingresos.
Otro que no les volverá a ingresar una pecúnia es este Gourmet Culto, puesto que me ha parecido auténticamente nauseabunda su propuesta de hamburguesa. Saben que no me gusta hablar en términos absolutos, pero mucho la he maldecido desde el momento que en pan se ha desecho cual papel en el agua entre mis dedos y la carne insípida y aguada me ha rozado el bigote.

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