Tan solo quiero exponer que tras publicar esta reseña el dueño me respondió: «Es usted un retrasado mental». No le falta razón.
En ruta por Formentera estaba el Gourmet Culto, con hambre hacia un restaurante me catapulto. Escogí Cacio e Pepe para una pizza degustar, me senté contento y empecé a salivar. Una Margherita me pido muy contento, es un plato fácil y suculento.
Esperé tres siglos por mi comida, una pizza que ya di por perdida. ¿Dónde te has ido, bendito pedido? ¡Tanto tiempo por ti invertido, espero que no sea perdido!

Más que una subida de sueldo lo tuve que esperar, ojalá el resultado no me vaya a defraudar. ¡Oh no, el cuchillo no surge su efecto, parece una pizza hecha de cemento!
El bíceps aún tengo en tensión, del cuchillo utilizar con demasiada presión. El codo siento lastimado por un uso desmesurado. Mis tendones tienen una luxación abismal, estoy tan hinchado que parezco Nadal. El codo tengo como los labios de Carmen de Mairena, tendré que inyectarme botox para volver a sentir la vena. Los ligamentos me han quedado hechos polvo, no podré conducir mi coche Volvo.
La próxima vez necesitaré una sierra de disco, para cortar la masa más dura que un obelisco. El tomate además estaba crudo y era doloroso, me pasé todo en rato en barco con un ardor espantoso. Que digestión más larga y dura, a partir de hoy solo comeré verdura.
Pagué por este desastre un riñón y solo me llevé una terrible luxación. Fue tan mala experiencia que me he pedido una baja laboral, para llorar tendido por esta estafa abismal.
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