Gourmet Culto

«¿Quién flores desea ahora recibir, cuando nachos con queso puede pedir?»

Bianco e Rosso

Si un italiano busca por la intransitable zona de Santa Catalina, Bianco e Rosso puede ser su ruina. Yo pedí pizzas para llevar y ahora les contaré qué tal. Si más desean saber sobre Bianco e Rosso, lea esta reseña en el Monte del Gozo.

Reseña

Con toda la cruel vida por delante, afrontarla es cuestión de coraje y de darse alegrías para poder resistir la aspereza de respirar un día más.

Y a veces ustedes puedan pensar que, con la cantidad de corazones podridos y malas almas repartidas por los dominios de Nuestro Señor cuyo único objetivo es hacernos la existencia más complicada, que nuestra agonía no tiene motivo alguno, que carece de sentido, que no hay más verdad que el sufrimiento.

Anduve yo sumido en tales derroteros y mi alma estaba en la más profunda ciénaga de la depresión, así que actué como cabe esperar: pedí pizza para llevar, porque si mi espíritu está vacío, por lo menos que no lo esté mi preciado estomaguito.

El único inconveniente fue tener que invitar a la familia, pues bien gustoso hubiera yo podido engullir las pizzas por mi sola cuenta y sin remordimientos. Verán ustedes, y lean mis palabras pues son la verdad más solemne:

Su penetrante y 
auténtico aroma,
con crujiente masa
que me enamora.
Sus jugos deliciosos
llenando mi corazón,
dándome de energía
una gran inyección.
Su siempre suave
y tan dulce armonía
en mi boca se derretía
y me daba la alegría
que mi vida merecía.

Así me sentí, pero les contaré más. Mi bien amada esposa pidió una Pizza Speck y fue mi cometido terminar con sus sobras que no pudieron ser engullidas, pues aunque su corazón es enorme, no puedo decir lo mismo de su tragadera.

Su elección fue muy acertada, la degusté con un optimismo que brotaba de mis venas y me daba vida (a la pizza, no a mi esposa, quiero dejarlo claro). Sí, el Speck es fuente de felicidad, señores, aunque su médico no se lo dirá jamás porque está sobornado por la creciente y temible industria del jamón serrano.

Volvamos a más elecciones, pues la Capricciosa también compartió mi mesa y conoció mi paladar y, repitiendo la misma jugarreta, me vi obligado a ponerle un final. Sepan ustedes que yo y las alcachofas, siendo ellas verdes y nutritivas, tenemos una tormentosa relación, mas la pizza era tan suculenta y sublime que apenas noté que ingería una hortaliza sana.

Y por último, pero no menos importante, mi brillante elección: una calzone Lucifer. Dejen que les diga que si Satanás subiera del infierno y me llevara con él, tentándome con esta pizza, yo me entregaría en sus brazos.

Él me cogería en volandas y me sonreiría, me haría cosquillas con sus manos de guerrero y yo, mirándole a los ojos y con picardía, cogería un bocado de la pizza que lleva su nombre y bajaría junto a él, para ser su amado Gourmet para siempre. Y juntos, cerca de los lagos del infierno siempre en llamas, correríamos desnudos sin sentir pudor y solo vestidos con la excelencia de esta pizza como vestido, como capa y como bandera.

Sí señores, además nos regalaron un trozo de tiramisú, que colmó mi destreza engullidora y me hizo merecedor que un gruñido por parte de mi perro, pues no le dejé ni un solo borde para roer y sospecho que me odia.

No me queda nada más por decir, salvo que gracias a estas pizzas mi vida encontró otra vez sentido. Si en la vida hay algo tan delicioso, vale la pena sonreír un día más, aunque solo sea para esperar la próxima vez que una pizza tan sublime roce mis labios y me colme del amor que nada en esta vida podría suplir: la pasión por la comida excelente.

Más información sobre Bianco e Rosso

Ubicación: Carrer de la Fàbrica, 6, Palma. De cada vez este barrio está más lleno de vida y fiesta, para colmo de sus residentes y gente de toda la vida, que se ha visto expulsada de sus hogares a causa de modas pasajeras.

Precios: Decentes.

Atención: Tengo siempre mala experiencia con el trato en restaurantes italianos. No acabamos de congeniar, no sé si por mi aspecto adusto y algo inocentón o por si es que les ofende a sobremanera que yo sea mallorquín y practique la infame tradición de hablar mi lengua con mis allegados, que a ellos no debería importarles, pero arrugan la frente como si fuera yo desconsiderado aunque no hable con ellos en ese momento. Ahora, si hablara inglés, creo sospechar que no les importaría lo más mínimo.

Ambiente: Para llevar.

Web: https://biancoerossomallorca.com/

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