Si usted un vegetariano en Palma quiere comer, en GreenGo tendrá que aparecer. A mí me escandaliza solo comer verdura, pero tendré que tragarme mi amargura. Si quiere más saber sobre este mal comer, lea esta reseña en un santiamén.
Reseña
Salsa y arroz en una guerra atroz
Mi amigo Ignacio está a régimen. Mis camaradas y mi persona siempre nos reuníamos en torno a una mesa de colesterol, arterias al borde de la devastación, en un tiberio sin final de grasas saturadas. Mas mi buen amigo lleva luto en su alma y todos lloramos en sintonía por los grandes ágapes que ya no le van a satisfacer. Aunque solo sea en una ocasión, hemos decidido acompañarle en su pesar y un restaurante más sano probar.


Escogimos este insigne lugar, tenía mucho verde y lo tuvimos que catar. Ignacio nos sonrió y extendió su recomendación. Por un menú nos decidimos, ausente de aditivos. Estábamos nerviosos, bañados en sudor, por salir de nuestra pequeña zona de confort. El restaurante es diferente de los que suelo frecuentar, más sano, elegante y servicial, sufría que no se fuera a notar, pero me trataron como a un igual.
Una espuma de bacalao con aceite de sobrasada fue nuestra primera dentellada y fue muy acertada, aunque su falta de corporeidad no me llenó la papada. Mi primer plato consistió en crema de patata, huevo y jamón.

Con este frío infernal, me llenó el alma de calor celestial. Su consistencia era clara, con sus tropezones abriendo paso en mi corazón para inundar mi vida de otro color. La patata me aporreaba, pues un poco cruda estaba, pero tenía más hambre que una esclava y me la comí de una tirada.
Mi ingesta continuó, pues el hambre no se desmoronó. Wok de verduras con arroz basmati y salsa de soja y jengibre, un plato con mucho calibre que me dejó la panza libre. Y aunque era el plato fuerte, me dejó indiferente. En mi boca, salsa y arroz luchaban en una guerra atroz. No se entendían y entre ellas se repelían en un plato sin armonía, que culminaba sin pasión en verduras casi crudas de guarnición.

El postre llegó y el desconcierto me invadió. Mousse de chocolate, con avena y frutos rojos, que se aleja de todos mis antojos. Echaba de menos nuestra comida aceitosa, esa que nos dejaba rodando y con el botón del pantalón a punto de hacer una explosión.
Sin embargo, me llena de alegría compartir mesa con tanta simpatía. Amigos, no es mi cocina predilecta, pero los comensales dieron buena cuenta. Por un precio módico degustamos algo nuevo y aunque no vayamos a reventar, siempre nos quedará nuestra amistad.
Más sobre GreenGo
Ubicación: Avinguda de l’Argentina, 30, Palma.
Precios: Los que suelen estilarse por estos locales de verduritas.
Atención: Amables, pero sin ser molestos.
Ambiente: Diáfano y blanquecino.
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