Gourmet Culto

«¿Quién flores desea ahora recibir, cuando nachos con queso puede pedir?»

Postres Beinetti

Vengo a confesar que he pecado de la peor manera posible. Un gran cúmulo de infortunios han azotado mi no tan plácida vida, siempre ajetreada por las inclemencias de la paternidad, por la soledad del trabajador explotado y por la continua ansiedad de ser un incipiente Gourmet encubierto que, furtivamente y sin mirar alrededor, fotografio mi comida para escribir taciturnamente mi opinión al respecto.

En este contexto entenderán usted que se me olvidara que, el año pasado, me designaron la tarea de encargar, pagar, recoger y depositar el postre de este señalado día de Reyes. Confieso que, 12 meses más tarde, no recordaba tal cita con este magno evento familiar, mas aun daré gracias a mi madre que me ha recordado con soberano rintintín que no me pasara comprando dulce.

Postres Beinetti me ha salvado la vida. He llegado tarde, empapado en sudor y con el coche en segunda fila, y agotado por no encontrar apenas un triste crespell en ninguna de las pastelerías de mi barrio. Me daba más miedo una reprimenda de mi madre que una multa sobre el capó, enganchada como un recuerdo más que añadir al canvas de mi incompetencia.

Menos mal que tenían abierto y que aún les quedaba género para deshechos de la sociedad como mi persona, que sería incapaz de recordar donde ha dejado la cabeza si no la llevara puesta. Casi he acabado las existencias, no se lo negaré, pero también he salvado la Navidad de mi familia y mi madre solo me ha obsequiado con su peor cara por llegar media hora tarde, apenas una minucia si tenemos en cuenta mi Odisea mayor.

He pedido brownie de chocolate, banoffee, sacher, tarta de zanahoria, tarta de queso con arándanos y tiramisú. Me hubiera llevado más trozos, pero era terriblemente tarde y nada ya podía hacer para enmendar mi error, tan solo arrasar con los sabores que tenían disponibles.

La tarta sacher ha sido la primera en desaparecer, un hecho que les hará entender la media de edad de mi familia, que se deleita por delicias del pasado, amargas como su alma y su malestar diario. Por desgracia, mi trozo favorito también ha volado: el banoffee tan solo he podido catar del plato de mi dulce esposa, que me ha ofrecido una cucharada al verme desolado y desemparado al no tener tan fantástico fragmento en mi posesión. Y aunque tan solo he probado un triste trozo, ha sido mi favorito.

En mi plato he podido recoger tarta de queso y brownie, los deshechos que quedaban puesto que mi madre se ha encargado de servirme el último, ya que defiende que no necesito comer más postres debido a mi rechonchosidad.

La tarta de queso me ha parecido correcta pero sin entusiasmarme y el brownie demasiado empalagoso después de una comida de Sopa de Nadal y sagrada porcella. La tarta de queso me ha servido para desembafar mi trabajoso paladar, puesto que su dulzura no se excedía y ayudaba a bajar el peso de tan asombroso ágape.

No sean como yo amigos, y recuerden sus deberes. Otro día volveré a Beinetti a por un espectacular trozo de banoffee. A veces las cosas no salen como esperamos y no podemos optar por el mejor trozo, pero siempre debemos tener al lado a alguien que reme con nosotros, que se enfunde los guantes del naufragio y nos ayude a encontrar un local para comprar postres y nos de una cucharada de nuestro favorito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *