Gourmet Culto

«Cada vez soy más viejo y remugón, pero siempre dispuesto al atracón»

Block House

Por todos conocido es Block House en Palma, que no tiene ni sabor ni alma. Casi me asfixio para ir a miccionar, este Gourmet no lo podría contar. Pero si más sobre esta patata cremosa desean saber, esta fantástica reseña van a tener que leer.

Reseña

Sudoroso, sequé mi transpiración macilenta con mis dedos temblorosos. Tomé una antorcha entre mis manos, dispuesto a alejar de mí todos los miedos que la oscuridad no puede vencer.

Era como bajar otra vez a la caverna de las ideas, sumergirse en la boca del lobo más feroz, ser rociado por una eterna negrura empalagosa y eterna. La terraza de Block House es agradable, sin embargo confieso que necesitaran ustedes una linterna si desean evacuar su orín, pues es un local lúgubre, aunque compensa el olor cárnico que te hace salivar, que activa el hombre lobo que llevas dentro y te impulsa a convertirte en un animal básico con una sola cosa en mente: carne, carne y carne.

Cuanto más recuerdo el grasiento entrecot bajando por mi gaznate, cuando más evoco sus jugos y su delicioso aroma, más mis pies se ponen al alimón en marcha y me traen de vuelta ante tal franquicia de sazonada y nutritiva tajada. Además de un nutrido entrecot, patatas al horno que me colmaron mis más apesadumbrados sentimientos de reclusión, que tanto ha durado en mi corazón lobéznico.

Cuando concluyan su engullimiento mascarpiano y se vean colmados de exquisiteces sumas y devotas, les recomiendo que saquen su cartera vehementemente y se sequen las lágrimas con el último billete del que dispongan, pues será el último que verán en mucho tiempo.

Díganle adiós con el corazón repleto de llanto pero la voz firme. Que no les tiemble el puño cuando llegue la cuenta, que sus piernas no flaqueen ante tan abrupta afrenta.

Paguen la descorazonada cantidad, elevada en comparación con la porción ingerida, sin demostrar al dinero que le aman, sin hacerle conocedor que le tienen en tan gran estima, por lo mucho que cuesta soportar a su jefe para obtenerlo, mas se despojan de él con magnánima necesidad para calmar sus caprichos gastronómicos.

Y mientras se despidan de la mitad de su sueldo, pónganse en pie y saluden a su último billete mientras entonan con lágrimas en los ojos y la cartera vacía: Yo cortaré tus carnes, yo absorberé tus jugos, para degustarte más, para degustarte maaaas.

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