Gourmet Culto

«Por la ensaïmada mi vida he hecho, la llevo tatuada en el pecho»

Panadería Can Damià

Se me antoja, en este año que empieza, poner mis arterias a punto y hacerlas explotar de la manera más impresionante y melodramática posible en un geiser de colesterol ganado a pulso a base de fritanga y demás taponadores de conductos venales.

Por eso, cada nuevo día en que mis ojos se cercioran de recibir nueva luz, me preparo un crujiente y frito english breakfast, mas hay días en que mi pequeño estómago me pide más y más y ruge y me tormenta con su insaciable codicia.

Yo obedezco. Soy sirviente, esclavo bajo su yugo impuesto de convertirme en el mejor segador de la falacia y el embuste de la real food. Cuando esto pasa, acudo a este horno y me pido dos bolsas hasta arriba de croissants de mantequilla.

Les miento cuando digo que tengo mis padres a desayunar y los engullo solo, aposentadas mis carnes en mi destartalado sofá, mientras revisiono Ally McBeal, un gran show si quieren ustedes mi opinión.

Son deliciosos, se deshacen en la boca con su crujiente crujiente costra y te inundan la tragadera de un sabor extremo solo apto para valientes que no temen por el buen mantenimiento de sus arterias. Tal vez la próxima vez me pida tres bolsas…

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