Gourmet Culto

«Aunque soy un experto Gourmet de ingenuo tengo el carnet»

Cafetería Son Espases

Los ojos muy bien últimamente no tengo, a Son Espases por comida no vengo. Después de una cita con el Oftalmólogo he tenido que jalar, porque sinó por inanición me tendrían que ingresar. Si quieren saber sobre mi periplo, lean este reseña con un teletipo.

Reseña

Esto lo he escrito primero en un cuaderno, para que el ojo no me arda en el infierno. La letra me ha quedado torcida, que mala idea concebida. El oftalmólogo yo creo que ya me aborrece, pero visitar Son Espases esta ocasión merece. 

Acudo algo nervioso, el ojo tengo lloroso. Espero más de media hora a mi turno asignado, de nervioso que estoy no he merendado. Unas pruebas tienen que hacerme, y yo solo hago de estremecerme. Sin gafas nada puedo ver, alguien me tendrá que querer. Curioso depender tanto de unos cristales, que son más caros que dos tamales. Sin mis monturas nadie me parece conocer, y yo solo manchas de colores voy a ver.  

Al salir de la consulta, el corazón se asusta. Recupero el hambre de repente y aún sin gafas sigo siendo repelente. Me dirijo al bar del hospital, ya es tarde pero me sirven fenomenal. Me ven algo herido en mi ser más profundo, se piensan que tengo un dolor inmundo. Les aclaro que lloro por culpa de las gotas administradas, me miran y alzan grandiosa risotada. Ahora sí que estoy herido, porque de mí se han reido. Tengo alma de poeta, ¿como no quieren que sea cagueta?

Herido y con la bandeja de comedor de colegio me siento, los ojos en carne viva me siento. Las gotas me lagrimean y sobre la comida planean. Es una comida sencilla con sabor a hospital y yo me pensaba que por los ojos estaba mal. Ahora el sabor también siento errado, todo mi cuerpo se siente averiado.

Un trozo de lasaña sin amor es mi primero, me lo como sin encontrarlo placentero. La sal han olvidado poner, aunque igualmente me la voy a comer. Está bastante recalentada y con espinacas ha sido rellenada. No soy fan de la lasaña con espinacas embutida, me sientan como una sacudida. Ha sido un aperitivo sin importancia, su gusto ha tenido relevancia.

De segundo un guiso de ternera que el corazón no te altera. Nada digno de destacar, es comer por la panza llenar. ¿Dónde está la alegría de un sabor extremo, que el alma sienta como me quemo? No debo olvidar antes de reseñar, que se trata de comida de hospital. Más sabor no podían ponerle, pues el entorno es deprimente. Pero yo no como por los ojos, que ahora tengo bien rojos.

Me pregunto, al dejar mi bandeja, si seré un Gourmet que siempre se queja. Hago el coco pensar, porqué todo lo debo reseñar. Es en ese momento cuando me doy cuenta, que escribir es lo que mejor me sienta. Me gusta más unas línias por mi mano trazadas, que unas patatas bien cocinadas. La escritura es mi medicina, la pastilla que me fascina.

Yo les recomiendo que hagan lo que les llena en la vida, porque solo una les ha sido concebida. Si quieren escribir sobre una comida sin gustar, háganlo porque igualmente les van a criticar.

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