Gourmet Culto

«El local era tan precioso que me sentí zarrapastroso»

Celler Sa Premsa

¿Quién se resiste al paso del tiempo, como temerosa parca hiladora, que no se deja abatir por el infortunio ni por la inexorable fragilidad de las cosas? Si usted piensa en un ser humano, erra en su racionamiento. Mas los restaurantes poseen dichas cualidades a las que hago exaltación, pues soy un Gourmet del buen comer y de mejores palabras.

En Celler Sa Premsa siempre me siento bienvenido, puesto que saben reconocer por la panza a un gourmet saleroso que busca en el sabor una fuente de escape a su vida matutina de facturas e interminables reuniones que solo sirven para abrillantar el culo de jefe, que está más impuluto que si hubiera sido aclarado con Pernel.

Un pequeño secreto les contaré: en Sa Premsa se come bien si usted saber qué solicitar. Si va por platos de menos nivel pudiere ser que su expectativa se tornara en tragedia. La porcella, para este glorioso Gourmet, es su plato ganador.

Es tierna y en la boca se deshace cual delicia más alabada, con sus jugos recorriendo la totalidad de mi esófago sin moderación e irrumpiendo en mi estómago en la más grotesca cascada de satisfacción.

Si una pega debo poner a tan magno refrigerio son sus patatas, clásicas McCain sin aderezo y sin solera. Sírvame más patatas de rostit, con sus cantonets desiguales, con su irregularidad en la cocción, con su deliciosa costra dorada, con su magnificiente interior machacado por la fuerza de mis molares superiores.

Nada más que añadir de tan célebre restaurante, que todos ustedes habrán podido catar en algún momento de su largo viaje por esta vida nuestra. Así me despido: desnudo de palabras pero con las arterias llenas de delicioso jugo de porcella.

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