No desmereceré, más no soy quién ni es mi ánimo ni propósito llevar a cabo tal infortunio, la noble hazaña de hacernos partícipes y presentarnos tal gesta, como pudiere ser la creación de una portentosa y turgente pizza de metro.

Es una proeza de heroicidad inverosímil que bien merece que me despoje del sombrero y deje al descubierto mi sesera, que únicamente posee por bandera y devoción los manjares mundanos. Expuestas estas evidencias veraces, debo añadir que, si bien el tamaño es importante, otras cualidades personadas en dicha vianda no me ofrecieron un impacto de tan gran medida.
La masa es, para mi gusto la estrella de esta composición gastronómica, de este collage de aromas, un lienzo donde pinceles curiosos se entremezclan, dando lugar a un sabor desconocido y inquieto. El resto amigos míos, no me impresionó, no dejó una huella imborrable en mi corazón, no sedujo mi paladar con un gusto desmesurado, como sí que es portentoso en tamaño.
El queso no fue demasiado de mi agrado, desmereció un poco el buen trabajo y el amor puesto en la masa y era tan omnipresente que eclipsaba con su existencia el papel de los demás elementos. Es como cuando el arlequín de turno salta con gracia sobre las tablas y obtiene la carcajada que desluce la brillante interpretación de un curtido actor que, solemne, aguanta el tipo con su lánguida sonrisa.
Acudí con mis incondicionales, que salvaron la velada con charlas complacientes, y añado que salimos con el estómago repleto y rebosante. Tal vez si ustedes gustan de colmar y atiborrar sus vientres a más no poder y en gran desmesura, esta sea una opción soberbia. Exquisitez suprema y tamaño soberbio no van de la mano.
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