
Hasta aquí me guiaron las musas, con sus cantos hermosos llenos de palabras bellas sobre manjares que aún debo descubrir, pues son musas culinárias que me guian por los mares del sabor.
Iba yo en pijama en la comodidad de mi hogar, agasajado por la suavidad de mi batín cuando recordé haber leído, nada más ni nada menos que en el periodico, que este local abria sus puertas.

Nunca digo que no a una hamburguesa, aún más cuando las propias musas me abren las puertas de su paraiso y gustosamente me entregan este manjar ante mi. Acudí despeinado a las diez de la mañana, para cola hacer y no quedarme sin probar esta fantástica delicia de la cual, últimamente, todo el mundo parece estar hablando.
Cuando su local abrió, este Gourmet reseñador incipiente al que nadie toma en serio ni considerará jamás su talento de crítico gastronómico, fue el primero en sentar sus acomodadas nalgas y pedir, radiante una ración de nachos.
Deliciosos, aunque no me entuasiasmaron por falta total de sabor picante. Un poco de jalapeño troceado por encima, como si fuéramos aún jóvenes imberbes que no toleran el sabor real de la vida. Interesante el totopo negro, pero nada aporta su color a su sabor.

La hamburguesa, laméntolo, tampoco me convenció. La pedí con cebolla y queso gruyère, pensando que esta combinación sería invencible, mas no pensé que la rúcula es ávida de protagonismo y que robó completamente el sabor de ambas cosas en una sola mordida. Al final, aunque hubiera una buena carne, cebolla y queso, todo me sabía a rúcula.
Les daré la oportunidad de pensar que es que no escogí bien y, por eso, las musas deberán volverme a traer de la mano a este rincón. Esperen más reseñas de su amigo, el Gourmet Culto.
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